Un debut con ambición

Si hay algo invisible en el debut de un director técnico en pretemporada es la idea general que se trae entre manos. Sí pueden verse, en cambio, algunas chispas, algunos detalles a partir de los cuales intuir o deducir esa idea en su versión transitoria.

Miguel Angel Russo regresó deslizando algunas simpatías. Se vio a Villa como extremo, a Fabra y a Buffarini como marcadores de punta con salida y con llegada, a Campuzano como mediocampista central en desmedro de Marcone, la tentación de que Reynoso baje a buscar la pelota y suba con ella y la decisión de concederle a Soldano el centro de la delantera con el objetivo de ganar ligereza mas no goles.

Al primer tiempo lo embalsamaron, así que no se puede hablar de su transcurso como algo que se hubiera movido. El segundo fue el del descongelamiento. Pitana nos donó un penal que Villa efectuó para ganar la confianza que Russo pretende transmitirle y a partir de entonces el partido mejoró, por no decir que empezó. Comenzaron los cambios, que en verano son enloquecedores como los del básquet y, de repente, un centro perfecto de Obando dejó la cabeza de Wanchope Ábila a solas con el segundo gol.

Ah, perdón: Universitario de Perú. Sí, sí, fue a San Juan. Estuvo. Adormilado, hibernando, pero estuvo. Trató bien la pelota, como acunándola, y se fue entregando al sueño. Ante esa delicadeza, Boca tuvo al menos alguna ambición, aunque más no fuese la de tener un debut pasable. En medio del aburrimiento, el triunfo sin importancia se fue consumando y dejó en Boca una buena impresión. Se defendió bien y no se desesperó cuando no tuvo la pelota. Son pocas cosas pero más no se puede pedir si es que nos tomamos las cosas en serio.

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