Boca lo ganó en la última por Tevez y dejó abierta la chance de ver un Superclásico en octavos

Ese grito agónico de Tevez, lleno de rabia en otra noche copera de Boca, es una pintura ideal de este equipo lleno de historias de mística a lo largo de su vida. El 2 a 1 también envió un mensaje. No hay temor de jugar con el que toque, sea River el que espere o cualquier otro en la tabla de segundos. No se especula cuando se tiene en el pecho un escudo con 68 estrellas bordadas. Y el grito de Tevez, justo de él, ese emblema que está cerca de su retiro, transformó la jornada de lluvia en carnaval. Acá está Boca. Otra vez en octavos como en las últimas 15 ediciones. Ahí va de nuevo, incansable, como le sale, con mucho corazón, en la búsqueda de su séptima Libertadores.

En esa primera tapa, al igual que el partido que se jugó en Brasil, Boca mostró los dientes en el primer cuarto de hora. También expuso que su idea era ganar para quedarse con el grupo. Ahí sí corrió y arrinconó a Paranaense contra Santos. Con Zárate con intentos lejanos, con Benedetto merodeando el área chica y con Buffarini posicionado como un extremo bis. Pero eso duró apenas un rato. La mejor manera de ilustrarlo fue que en esa banda derecha ya no era el lateral quien parecía una extremo sino el extremo, Villa, se sumó a la faceta defensiva. Nunca el colombiano se impuso en la velocidad.

Ordenado, con Wellington como su eje, este buen equipo de Tiago Nunes fue poniendo en aprietos a Izquierdoz y Lisandro López al saltear el mediocampo que construyó Alfaro para no padecer antes que para elaborar. Al cabo, ahí de muestras las intenciones. Ante la salida de Bebelo Reynoso por lesión, la decisión fue incluir al juvenil Almendra para rodear a Marcone y Nandez. Entonces Boca batalló bastante más que lo que jugó sobre la pesadez del campo.